GUÍAS DEL COGTIB VISITAN CAN PRUNERA EN SÓLLER

El pasado martes 18 de noviembre tuvimos el privilegio de disfrutar de una visita exclusiva a Can Prunera, guiados por Francisco Maura, responsable de Educación y Cultura del museo. Desde el primer momento, la experiencia nos transportó más de un siglo atrás, a 1911, una época en la que el modernismo brillaba entre la burguesía emergente.

Pasear por Can Prunera es viajar en el tiempo: cada rincón conserva la esencia de hace más de 100 años.

Quico nos fue desvelando la historia de la familia Magraner Vicens, antiguos mercaderes de cítricos de Sóller que emigraron a Belfort tras la plaga de 1865. Allí hicieron fortuna como intermediarios en el transporte de mercancías entre Belfort, Marsella y Sóller. Con ese éxito, en apenas dos años construyeron Can Prunera, un hogar modernista inspirado en estilos europeos y rodeado de un jardín que también fue un huerto de cítricos. Su objetivo era crear una residencia que combinara belleza, funcionalidad y armonía con el paisaje del valle.

Al entrar en la casa, nos cautivaron los suelos de baldosas hidráulicas, cada estancia con un diseño único. Restauradas en 2013 por Huguet de Campos junto a artesanos marroquíes, estas piezas de 20×20 cm parecen alfombras gracias a la precisión de sus patrones, cumpliendo el deseo de los fundadores de dar a cada habitación una identidad propia

El mobiliario original de 1911, fabricado en olivo y caoba, se conserva en un estado excepcional. Su estilo, influenciado por el romanticismo alemán y el Jugendstil, refleja la durabilidad, el detalle y el gusto estético de la época. Cada pieza nos invita a imaginar la vida cotidiana de la familia. Uno de los momentos más emocionantes fue descubrir el recibidor, donde hoy se exhiben ocho obras originales de Miró y una escultura, homenaje a los 25 veranos que el artista pasó en Sóller gracias a sus raíces familiares. La colección de Can Prunera, cuidadosamente diseñada por Pere Serra, incluye también obras de Picasso, De Chirico o De Staël, organizadas siguiendo historias y conexiones entre ellas.

El hueco de la escalera, iluminado por un lucernario que baña la casa con luz natural, se ha convertido en un símbolo de Can Prunera.

En la que fue la antigua sala de música destaca una lámpara espectacular, inspirada en Alemania y decorada con libélulas modernistas que sostienen una medusa de cristal de Bohemia en espiral, símbolo de la naturaleza y del Mediterráneo. Tres artesanos dedicaron cuatro meses a su creación, y el resultado es impresionante.

Cada sala nos habla de la vida familiar: los techos con partituras e instrumentos recuerdan los momentos musicales; el despacho invita a imaginar las reuniones de los hombres de la casa; y la biblioteca, ahora sala de arte contemporáneo, nos transporta a las tardes de té y conversación. Cada detalle refleja el espíritu de la época y la sensibilidad de quienes habitaron Can Prunera.

Finalizamos nuestra visita en el sótano, donde antes pasaba el día el servicio doméstico realizando sus tareas. Las antiguas despensas se han transformado en salas llenas de obras de arte del artista  Juli Ramis, mientras que la cocina mantiene algunas de sus piezas  originales. Cuadros de artistas mallorquines y extranjeros enamorados de la isla llenan el espacio, renovándose cada dos años con nuevas sorpresas.

Gracias a las explicaciones apasionadas y cercanas de Quico, pudimos apreciar la historia, la arquitectura y el arte que hacen de Can Prunera una verdadera joya del modernismo en pleno corazón de Sóller.

Desde el COGTIB queremos agradecer a nuestro guía y a todo el equipo de Can Prunera por abrirnos sus puertas. Todo lo aprendido lo compartiremos con nuestros visitantes y residentes, para que también ellos puedan descubrir esta maravilla imprescindible de Mallorca.

 

 

 

 

 

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