El pasado 4 de diciembre tuvimos el privilegio de realizar una visita formativa a Can Vivot, acompañados por Soledad Montaner, hija de los propietarios.
Este palacio es uno de los más emblemáticos de la ciudad y, lo más sorprendente, se conserva prácticamente intacto desde su última gran reforma, entre 1683 y 1711.
Nuestra visita comenzó en el patio Bo, el patio principal y corazón de la casa. De planta rectangular, está rodeado de columnas de mármol rojo con capiteles finamente trabajados y un suelo empedrado con dibujos geométricos que reflejan la riqueza artística del lugar.
A lo largo del recorrido, pudimos descubrir la función y la historia de cada espacio: la Salesa, que aún conserva restos medievales; el Patio Gótico; los Establos de Mulas; el Patio Viejo; y el Patio del Pocito. Cada estancia nos permitió comprender cómo se vivía en Can Vivot y la importancia de su arquitectura en la vida cotidiana.
Subimos a la planta noble por la impresionante escalera imperial, visitando diversas salas y descubriendo rincones llenos de historia y encanto
La Sala Vieja; la Capilla; el Estradillo; la Biblioteca; la Sala de Música; la Sala de Armas; los Estrados y la Alcoba del Rey.
Al finalizar la visita, quisimos agradecer de corazón a Soledad por habernos guiado por la fascinante historia de Can Vivot, por mostrarnos con tanto detalle el cuidado y la riqueza de su mobiliario y objetos decorativos. Cada sala, cada rincón y cada historia nos hizo sentir la grandeza de este palacio y nos permitió imaginar cómo era la vida en una casa noble mallorquina.
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